Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

12 de febrero de 2026

PALABRAS A VOLEO: TOMÁRSELO EN SERIO

MARTÍN VALMASEDA

En  el  mundo  actual  hay  demasiado  abuso  de  promesas,  juramentos,  votos y  compromisos que hacemos,  sin  darnos cuenta  muchas  veces.  Cada  uno  de  los   que  leen  esto  pueden volver  su  memoria   atrás  y  darse  cuenta  las  veces  que  en su vida se han comprometido a algo incluso sin darse cuenta. Los que  nacieron en un país cristiano pueden recordar en el primer paso en el, los  comprometieron sin preguntarles si querían o no. A mi fue según leí en  mi  partida  de bautismo  a  los 5  días  de  nacer,  cuando  me  preguntaron  si  renunciaba al  pecado,  si creía  en  Dios y  en  Jesús  y  si  quería  ser  bautizado y  los  padrinos   dijeron  que  si y...¡Zas! me echaron el agua  mientras  yo  lloraba   y  todos  volvían  a  casa  a   tomar  chocolate.  Luego, pocos  años más tarde  fui  haciendo  la primera  comunión,  la  confirmación...

EVANGELIO DEL PRÓXIMO DOMINGO 15 DE FEB. MATEO 5, 17-37.( Reflexiones de J.A. Pagola)

 

PARA MEDITAR

 

"Jesús es la luz que ha disipado las tinieblas, pero aún permanecen en el mundo y en las personas. Es la tarea del cristiano dispersarlas haciendo brillar la luz de Cristo y proclamando su Evangelio... Somos instrumentos para que la luz de Jesús llegue a todos".


Colaboración de Juan García de Paredes

AL LADO DE LOS ÚLTIMOS. S.S. LEÓN XIV

La santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad.

Los más pobres entre los pobres, los que no solo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad, ocupan un lugar especial en el corazón de Dios.

Son los preferidos del Evangelio, los herederos del Reino (cf Lc 6,20). Es en ellos donde Cristo sigue  sufriendo y resucitando.

Es en ellos donde la Iglesia  redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica.

Santa Teresa de Calcuta, canonizada en 2016, se convirtió en un icono universal de la caridad vivida hasta el extremo en favor de los más indigentes, descartados por la sociedad.

Fundadora de las Misioneras de la Caridad, dedicó su vida a los moribundos abandonados en las calles de la India.

NUEVO CLAMOR POR LA PAZ DEL PAPA: "EL FUTURO ESTÁ EN EL RESPETO Y LA HERMANDAD ENTRE LOS PUEBLOS"

El Papa anima a transformar la realidad al "compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares", condena los ataques en Nigeria y reza por las víctimas de las inundaciones en España, Portugal e Italia.

"Continuemos orando por la paz, porque las estrategias militares no dan futuro a la Humanidad. El futuro está en el respeto y la hermandad entre los pueblos". Vivir las Bienaventuranzas, el 'DNI' del cristiano, es la clave para transformar el mundo. Así lo mostró este domingo, durante el Angelus, el Papa León, quien, como Jesús, invitó a los discípulos a ser "la sal de la tierra, la luz del mundo", esa alegría verdadera que "da sabor a la vida y hace surgir lo que antes no existía".

"Esta alegría se irradia de un estilo de vida que se desea y elige, de un modo de habitar la tierra y de vivir juntos. Es la vida que resplandece en Jesús, el sabor nuevo de sus gestos y de sus palabras", subrayó el Papa, destacando "su pobreza de espíritu, de su mansedumbre y sencillez de corazón, de su hambre y sed de justicia, que impulsan a la misericordia y a la paz como dinámicas de transformación y reconciliación".

Balcón de la plaza de San Pedro

¿Cómo se transforma el mundo? Al "compartir el pan con el hambriento, albergar a los pobres sin techo, cubrir al desnudo, sin despreocuparse de los vecinos y familiares", porque "la luz no se puede esconder porque es grande como el sol de cada mañana que disipa las tinieblas". Y porque "la herida que antes ardía, ahora sana".

PALABRAS PARA EL SILENCIO

EVANGELIO ES DECIR AMIGO

Evangelio es decir amigo,

es decir hermano.

Evangelio es darte mi tiempo, darte mi mano.

Evangelio es mirarte a los ojos, es reír contigo, 

es compartir tu pena, es llevarte a Cristo,

es compartir tu pena, es llevarte a Cristo.



Evangelio es llevar la paz

siempre contigo.

Evangelio es amar de balde hasta caer rendido.

Evangelio es decir "" te amo "" a tu enemigo,

abandonar tu vida en manos de Cristo, 

abandonar tu vida en manos de Cristo.

 

PARA REFLEXIONAR

El CAPITALISMO COMO SOCIEDAD DE LA IMPUDICIA

 

Desde una perspectiva crítica, el primer gran gesto impúdico es la apropiación privada del producto del trabajo. El capitalismo no sólo roba valor; roba también sentido. El fetichismo de la mercancía, analizado con rigor por Marx, no es una ilusión óptica sino una operación semiótica, las relaciones entre personas aparecen como relaciones entre cosas, y las cosas adquieren una vida social autónoma que encubre la explotación que las produce. La impudicia consiste en que este encubrimiento ya no necesita ocultarse. La obscenidad del capital no es secreta, es pública, cuantificable, celebrada en rankings de riqueza extrema que conviven obscenamente con masas empobrecidas. La desigualdad ya no se justifica con pudor; se exhibe como mérito, como espectáculo aspiracional. La semiosis dominante convierte el robo estructural en éxito individual y el fracaso social en culpa personal.

Definida como Sociedad de la Impudicia no por un accidente moral ni una suma de deslices individuales, sino por una formación económica e histórica concreta, es una estructura de sentido producida y reproducida por las relaciones sociales de dominación extremadamente humillantes. En ella, la impudicia no es simplemente obscenidad visible, sino un régimen semiótico que naturaliza el despojo, estetiza la desigualdad y convierte la degradación humana en mercancía simbólica de consumo cotidiano. Su núcleo no es el exceso, sino la impunidad, la posibilidad de robar el producto del trabajo ajeno, de vaciar de contenido la dignidad humana y de hacerlo a plena luz del día sin vergüenza alguna, incluso con aplauso mediático. La impudicia es, así, una pedagogía del cinismo social.

En este contexto, la ideología burguesa opera como una maquinaria de banalización. No se limita a mentir, trivializa. Vacía las palabras de su densidad histórica y ética para reutilizarlas como eslóganes. Libertad se reduce a capacidad de consumo, democracia a procedimiento electoral sin poder popular efectivo, derechos a favores administrados por el mercado. Esta operación es profundamente impúdica porque despoja a los conceptos emancipatorios de la humanidad que los engendró. La vulgaridad no es aquí una disquisición sobre el mal gusto burgués, sino una estrategia política, rebajar el pensamiento, estereotipar el discurso, impedir la pausa reflexiva necesaria para reconocer la injusticia. La grosería mediática, la simplificación agresiva y la espectacularización del conflicto son dispositivos de control simbólico.

Naturalizar la vulgaridad cumple una función disciplinaria. Al imponer un horizonte cultural donde todo es intercambiable, desechable y rápido, se erosiona la capacidad de indignación. La impudicia se vuelve norma, y lo verdaderamente escandaloso pasa a ser cualquier gesto de decencia radical, la solidaridad, la coherencia ética, la crítica profunda. Desde la semiótica social, esto puede leerse como una inversión de los valores de pertinencia, los signos que antes denunciaban la injusticia ahora resultan “exagerados” o “ideológicos”, mientras que los signos del abuso se presentan como neutrales, técnicos, inevitables. La ideología dominante no grita; bosteza. Su eficacia radica en el cansancio moral que produce.

Su industria cultural desempeña un papel central en esta economía de la impudicia. No como simple aparato de entretenimiento, sino como fábrica de subjetividades adaptadas. El dolor ajeno se convierte en contenido, la miseria en formato, la violencia en rating. Hay una obscenidad específica en la repetición serial del sufrimiento sin contexto ni horizonte transformador. La imagen del hambre, de la guerra o de la exclusión, despojada de análisis estructural, se vuelve pornografía del desastre, consume empatía sin producir compromiso. Esta forma de impudicia no sólo explota cuerpos, explota emociones. Extrae plusvalor afectivo y lo devuelve como anestesia.

Desde un humanismo crítico riguroso, esta situación plantea una pregunta insoslayable, ¿la humanidad merece tanta bajeza? La pregunta no es moralista ni metafísica; es histórica y política. No se trata de una condena abstracta al “ser humano”, sino de una crítica. Nadie nace impúdico en este sentido estructural. La impudicia es aprendida, incentivada, premiada. Es el resultado de un orden social que separa ética y política, verdad y poder, conocimiento y responsabilidad. Un humanismo crítico no idealiza al sujeto; lo comprende en su conflictividad, pero se niega a aceptar como destino la reducción del otro a cosa, cifra o espectáculo.

Por eso la filosofía, cuando asume su tarea emancipadora, debe recuperar el pudor como categoría política, no en su acepción conservadora, sino como conciencia del límite, del otro, de la responsabilidad frente a la vida común. Pudor es reconocer que no todo puede ser mercancía, que no todo debe mostrarse para ser consumido, que hay una dignidad irreductible que no admite precio ni rating. La impudicia burguesa odia ese límite porque interrumpe la lógica de acumulación. Por eso lo ridiculiza, lo tilda de ingenuo o anticuado. Pero sin ese límite, la civilización se vacía de humanidad.

¿MOVILIDAD O NEGOCIO? LA CONVERSACIÓN INCÓMODA SOBRE EL TELEFÉRICO

Conversamos con Konstantinos Panagiotou, CEO de Doppelmayr para Guatemala y México, sobre el proyecto del teleférico, actualmente en construcción en la ciudad de Guatemala. Abordamos el origen del proyecto, la experiencia internacional de la empresa en sistemas de transporte por cable, el modelo de inversión privada, el rol de la municipalidad y el uso del espacio público, así como las principales críticas y cuestionamientos que han surgido en torno a su viabilidad, impacto urbano y relación con otros sistemas de transporte como el BRT.

Tan Gente Podcast

MUNDOS DEL MUNDO: NIGERIA

En Nigeria miles de niños son abandonados por sus familias en nombre de supuestos poderes malignos. Estos “niños brujos” pasan hambre, son maltratados, torturados e incluso explotados sexualmente. Acusados ​​de brujería, los llamados skolombo se han convertido en los parias de la sociedad de Nigeria, el país más poblado de África. Decenas de miles de skolombo sobreviven en la miseria robando lo que pueden y recogiendo basura en condiciones insalubres.

El horror al que son sometidos estos niños en Nigeria ha crecido en las últimas dos décadas, impulsado por profetas autoproclamados que buscan enriquecerse ofreciendo sesiones de exorcismo. No obstante, Sam Ituama lucha sin tregua contra el oscurantismo: a pesar de los recursos limitados, su ONG "Child's Right And Rehabilitation Network" intenta rescatar y reintegrar a tantos niños de África como sea posible.

4 de febrero de 2026

PALABRAS A VOLEO: OÍR, DECIR Y MISA

MARTÍN VALMASEDA

Esta vez lanzamos a voleo unas palabras con significado distinto según sean sus complementos. Son hoy dos verbos  con muchas aplicaciones.  Verán: las palabras que     vuelan con alas desplegadas sobre ustedes son OÍR y DECIR, Pero junto a ellas pongan la  piadosa palabra   MISA.

¡Ah claro!  dirán    ustedes.  OÍR MISA... DECIR MISA...  Unos la oyen y otro (casi siempre uno sólo) la dice.

Pero no nos gusta.  Suena bastante mal, que uno sólo diga las palabras de esa ceremonia mientras los demás se limitan a escuchar lo que dice el único que habla, vestido con extrañas ropas, es un poco aburrido. ¿No les parece?

Y, además, el que habla se repite mucho y los que oyen también dicen unas pocas palabras, siempre las mismas: "Y con tu espíritu! “, y, sobre todo: Amen, amen, amén ...

Para que les resulte la misa menos aburrida los que la OYEN demás se limitan a escuchar lo que dice el único que habla, vestido con extrañas ropas, es un poco aburrido. ¿no les parece? y, además, el que habla se repite mucho y los que  oyen también  dicen unas  pocas palabras, siempre las mismas: "Y con tu espíritu! “, y, sobre todo: Amén, amén, amén ...

EVANGELIO DEL PRÓXIMO DOMINGO MATEO 5, 13-16.( Reflexiones de J.A. Pagola)

SOIS LA SAL DE LA TIERRA

Dijo Jesús a sus discípulos:

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre, que está en el cielo (Mateo 5, 13-16).

SI LA SAL SE VUELVE SOSA…

Pocos escritos pueden sacudir hoy el corazón de los creyentes con tanta fuerza como el pequeño libro de Paul Evdokimov El amor loco de Dios.

Así ve P.Evdokimov el momento actual: <<Los cristianos han hecho todo lo posible para esterilizar el evangelio; se diría que lo han sumergido en un líquido neutralizante.

¿De dónde procede este cristianismo inoperante y amortiguado?

Las críticas del teólogo ortodoxo no se detienen en cuestiones secundarias, sino que apuntan a lo esencial.

La Iglesia aparece a sus ojos no como <<un organismo vivo de la presencia real de Cristo>>, sino como una organización estática y <<un lugar de autonutrición>>.

Los cristianos no tienen sentido de la misión, y la fe cristiana <<ha perdido extrañamente su cualidad de fermento>>. El evangelio vivido por los cristianos de hoy <<no encuentra más que la total indiferencia>>.

Según Evdokimov, los cristianos han perdido contacto con el Dios vivo de Jesucristo y se pierden en disquisiciones doctrinales. El cristianismo se desplaza hacia lo exterior y periférico, cuando Dios habita en lo profundo.

Se busca entonces un cristianismo rebajado y cómodo. Como decía Marcel More, <<los cristianos han encontrado la manera de sentarse, no sabemos cómo, de forma confortable en la cruz>>. Se olvida que el cristianismo <<no es una doctrina, sino una vida, una encarnación>>.

Las páginas ardientes del teólogo ruso no hacen sino recordar las de Jesús: <<Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve

más que para tirarla fuera y que la pise la gente>>.

¿DÓNDE ESTÁ LA SAL?

Jesús ve a sus discípulos como hombres y mujeres llamados a ser <<sal de la tierra>>. Gentes que ponen sal en la vida. <<Vosotros sois la sal de la tierra>>. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

La sal aparece como imagen de lo que purifica, lo que da sabor, lo que conserva y da vida a los alimentos.

¿Dónde esta la sal de los creyentes? ¿Dónde hay creyentes capaces de contagiar su entusiasmo a los demás? ¿No se nos ha vuelto sosa la fe? Necesitamos redescubrir que la fe es sal que puede hacernos vivir de manera nueva todo: la convivencia y la soledad, la alegría y la tristeza, el trabajo y la fiesta.

DAR SABOR A LA VIDA

Una de las tareas más urgentes de la Iglesia de hoy y de siempre es conseguir que la fe llegue a la gente como <<buena noticia>>.

Con frecuencia entendemos la evangelización como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar sería llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Entonces nos preocupamos de asegurar la enseñanza religiosa y la propagación de la fe frente a otras ideologías y corrientes de opinión. Tratamos de mejorar nuestras técnicas y organización pastoral.

Pero no es esto lo único ni lo más decisivo. Evangelizar no significa solo anunciar verbalmente una doctrina, sino hacer presente en la vida de las gentes la fuerza humanizadora, liberadora y salvadora que se encierra en el acontecimiento y la persona de Jesucristo.

Lo decisivo no es tener hombres y mujeres bien formados doctrinalmente, sino poder contar con testigos vivientes del evangelio.

Las palabras de Jesús llamándonos a ser <<sal de la tierra>> y <<luz del mundo>> nos obligan a hacernos preguntas muy graves.

¿Somos los creyentes una <<buena noticia>> para alguien?

¿Ponemos los cristianos en la actual sociedad algo que dé sabor a la vida, algo que purifique, sane y libere de la descomposición espiritual y del egoísmo brutal e insolidario? ¿Vivimos algo que pueda iluminar a las gentes en estos tiempos de incertidumbre, ofreciendo una esperanza y un horizonte nuevo a quienes buscan salvación?

LA LUZ DE LAS BUENAS OBRAS

No somos coherentes con nuestra fe cristiana y tratamos de justificarnos criticando a quienes han abandonado la práctica religiosa. No somos testigos del evangelio, y nos dedicamos a predicarlo a otros.

Tal vez hayamos de comenzar por reconocer pacientemente nuestras incoherencias para presentar a los demás solo la verdad de nuestra vida. Si tenemos el coraje de aceptar nuestra mediocridad, nos abriremos más fácilmente a la acción de ese Dios que puede transformar todavía nuestra vida.

Jesús habla del peligro de que <<la sal se vuelva sosa>>. San Juan de la Cruz lo dice de otra manera: <<Dios os libre que se comience a envanecer la sal, que aunque más parezca que hace algo por fuera, en sustancia no será nada, cuando está cierto que las buenas obras no se pueden hacer sino en virtud de Dios>>.

Para ser <<sal de la tierra>>, lo importante no es el activismo, la agitación, el protagonismo superficial, sino <<las buenas obras>> que nacen del amor y de la acción del Espíritu en nosotros.

CONTRA LA CORRUPCIÓN

Por una parte, la filosofía democrática proclama y postula libertad e igualdad para todos. Pero, por otra, un pragmatismo económico salvaje, orientado hacia el logro del máximo beneficio, segrega en el interior de esa misma sociedad democrática desigualdad y explotación de los más débiles.

Este es el principal caldo de cultivo de la corrupción actual. <<vivimos la vida como una rapiña>>. Seguimos defendiendo los valores democráticos de libertad, igualdad y solidaridad para todos, pero lo que importa es ganar dinero como sea. El <<todo vale>> con tal de obtener beneficios va corrompiendo las conductas, viciando las instituciones y vaciando de contenido nuestras solemnes proclamas.

¿Hay alguna <<sal>> capaz de preservarnos de tanta corrupción>> Nos faltan personas capaces de sanear esta sociedad introduciendo en ella honestidad.

Hombres y mujeres que no se dejen corromper ni por la ambición del dinero ni por el atractivo del éxito fácil.

<<Vosotros sois la sal de la tierra>>. Estas palabras dirigidas por Jesús a los que creen en él tienen contenidos muy concretos hoy.

Son un llamamiento a mantenernos libres frente a la idolatría del dinero, y frente al bienestar material cuando este esclaviza, corrompe y produce marginación.

Una invitación a introducir compasión en una sociedad despiadada que parece reprimir cada vez más <<la civilización del corazón>>.

José Antonio Pagola

Colaboración de Juan García de Paredes.