Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

Cena Ecológica, parte de la pintura de Maximino Cerezo arreglo: Ana Isabel Pérez y Martín Valmaseda

24 de julio de 2024

EVANGELIO DOMINGO 28-JULIO-2024(JUAN-6, 1-15)- REFLEXIONES DE PAGOLA

COMPARTIR EL PAN 

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del Lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos y, al ver que acudía mucha gente, dijo a Felipe:

¿Con qué compraremos panes para que coman estos?

(Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.)

Felipe le contestó:

Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo:

Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero; pero, ¿qué es eso para tantos?

Jesús dijo:

Decid a la gente que se sienten en el suelo.

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados; lo mismo todo lo que quisieron del pescado.

Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos:

Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.

Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. La gente, entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.

Entonces Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo (Juan 6, 1- 15). 

Reflexión 

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo.

Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente.

Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque solo sea <<cinco panes de cebada y un par de peces>>.

¿Quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre? ¿Hay algo que nos pueda hacer más humanos? ¿Se producirá algún día ese <<milagro>> de la solidaridad real entre todos?

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre.

La tierra y todos lo que nos alimenta lo estamos recibiendo de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas. Si vivimos privando a otros de los que necesitan para vivir, es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado.


COMPARTIR EL PAN

Ningún evangelista ha subrayado tanto como Juan el carácter eucarístico de la <<multiplicación de los panes>>.

Su relato evoca claramente la celebración eucarística de las primeras comunidades. Para los primeros creyentes, la eucaristía no era solo el recuerdo de la muerte y resurrección del Señor. Era, al mismo tiempo, una <<vivencia anticipada de la fraternidad del reino>>

Quizá hoy tengamos que recordar con más fuerza que esta cena es signo de la comunión y fraternidad que hemos de cuidar entre nosotros y que alcanzará su verdadera plenitud en la consumación del reino. La eucaristía tendría que ser para los creyentes una invitación constante a vivir compartiendo lo nuestro con los necesitados, aunque sea poco, aunque solo sean <<cinco panes y dos peces>>.

La eucaristía nos obliga a preguntarnos qué relaciones existen entre aquellos que la celebramos, pues, siendo <<signo de comunión fraterna>>, se convierte en burla cuando en ella participamos todos, los que viven satisfechos en su bienestar y quienes pasan necesidad, los que se aprovechan de los demás y los marginados, sin que la celebración parezca cuestionar seriamente a nadie.

Y, sin embargo, hay algo que aparece claro en la tradición de la Iglesia: <<Cuando falta la fraternidad, sobra la eucaristía>>(Luis González-Carvajal). Cuando no hay justicia, cuando no se vive de manera solidaria, cuando no se trabaja por cambiar las cosas, cuando no se ve esfuerzo por compartir los problemas de los que sufren, la celebración eucarística queda vacía de sentido.

Pero tampoco podemos seguir celebrándola sin que nos impulse a comprometernos por un mundo más justo.

El pan de la eucaristía nos alimenta para el amor y no para el egoísmo.

RESPONSABLES

Por lo general criticamos con mucha tranquilidad a la sociedad moderna, insolidaria y poco humana, porque, en el fondo, pensamos que son otros los que tienen la culpa de todo. Los verdaderos culpables se encontrarían ocultos tras el sistema: las multinacionales, los dirigentes políticos, los mercados financieros…Y, naturalmente, si <<ellos>> son los culpables, <<nosotros>> somos inocentes.

Sin duda hay culpables poderosos de los abusos e injusticias, pero hay también una culpa que está como <<diluida>> en toda la sociedad y que nos toca a todos.

Pensemos, por ejemplo, en la cultura consumista. Si yo me dejo modelar por la cultura consumista, esto significa que valoro más mi propio bienestar que la solidaridad;

Esto me puede llevar fácilmente a considerar como algo <<normal>> una sociedad profundamente desigual donde cada uno tiene lo que se merece.

Podemos seguir echando la culpa a otros, pero cada uno somos responsables de este estilo de vida poco humano.

Por eso es bueno dejarnos sacudir de vez en cuando por la interpelación sorprendente del evangelio. El relato de la multiplicación de los panes es un <<signo mesiánico>> que revela a Jesús como el Enviado a alimentar al pueblo, pero encierra también una llamada a aportar lo que cada uno pueda tener para alimentarnos todos.

LA EUCARISTÍA COMO ACTO SOCIAL

Según el relato, hay allí una muchedumbre de personas necesitadas y hambrientas. Los panes y los peces no se compran, sino que se reúnen. Y todo se multiplica y se distribuye bajo la acción de Jesús, que bendice el pan, lo parte y lo hace distribuir entre los necesitados.

Olvidamos con frecuencia que, para los primeros cristianos, la eucaristía no era solo una liturgia, sino un acto social en el que cada uno ponía sus bienes a disposición de los necesitados.

Durante los primeros siglos resultaba inconcebible acudir a celebrar la eucaristía sin llevar algo para ayudar a los indigentes y necesitados.

La misma eucaristía exige repartir y compartir. Domingo tras domingo, los creyentes que nos acercamos a compartir el pan eucarístico hemos de sentirnos llamados a compartir más de verdad nuestros bienes con los necesitados.

Jesús no puede bendecir nuestra mesa si cada uno nos guardemos nuestro pan y nuestros peces. 


EUCARISTÍA Y CRISIS ECONÓMICA

Todos los cristianos lo sabemos. La eucaristía dominical se puede convertir fácilmente en un <<refugio religioso>> que nos protege de la vida conflictiva en la que nos movemos a lo largo de la semana.

Es tentador ir a misa para compartir una experiencia religiosa que nos permite descansar de los problemas, tensiones y malas noticias que nos presionan por todas partes.

El riesgo siempre es el mismo: comulgar con Cristo en lo íntimo del corazón sin preocuparnos e comulgar con los hermanos que sufren. Compartir el pan de la eucaristía e ignorar el hambre de millones de hermanos privados de pan, de justicia y de futuro.

La celebración de la eucaristía en medio de esta sociedad en crisis puede ser un lugar de concienciación.

Necesitamos liberarnos de una cultura individualista que nos ha acostumbrado a vivir pensando solo en nuestros propios intereses, para aprender sencillamente a ser más humanos. Toda la eucaristía está orientada a crear fraternidad.

No podemos pedir al Padre <<el pan nuestro de cada Día>> sin pensar en aquellos que tienen dificultades para obtenerlos. No podemos comulgar con Jesús sin hacernos más generosos y solidarios. No podemos darnos la paz unos a otros sin estar dispuestos a tender una mano a quienes están más solos e indefensos ante la crisis.

José Antonio Pagola

Colaboración de Juan García de Paredes.